Tema: El testimonio permanente de la Palabra de Dios
Símbolo profético: Dos testigos, también llamados dos olivos y dos candeleros
Identificación en La Gran Controversia: El Antiguo y el Nuevo Testamento
Período profético: 1260 días proféticos
Elementos centrales: Biblia, persecución, Revolución Francesa y vindicación de las Escrituras
Base profética: Apocalipsis 11:3-12
Texto bíblico: Apocalipsis 11:3-4 — «Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio. Estos testigos son los dos olivos, y los dos candeleros que están en pie delante del Dios de la tierra».
En La Gran Controversia: Capítulo 16—La Biblia y la Revolución Francesa
Los Dos Testigos de Apocalipsis 11 representan las Sagradas Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento. Ambos dan testimonio del carácter de Dios, de su ley y del plan de salvación, señalando conjuntamente hacia Jesucristo.
La profecía declara que los testigos profetizarían durante 1260 días vestidos de cilicio. Aplicando el principio profético de día por año, este período se corresponde con los siglos durante los cuales las Escrituras fueron restringidas y perseguidas bajo la supremacía papal. Aunque la Palabra de Dios nunca desapareció, su circulación estuvo limitada y quienes procuraban difundirla frecuentemente enfrentaron persecución.
Apocalipsis anuncia después que la bestia que sube del abismo haría guerra contra los testigos, los vencería y los mataría. Esta profecía se cumplió especialmente a la Revolución Francesa, cuando durante su período radical se rechazó públicamente la autoridad de la Biblia y se intentó eliminar el cristianismo de la sociedad.
Sin embargo, los Dos Testigos no permanecerían muertos. La profecía anuncia su restauración y exaltación. Después de la Revolución Francesa comenzó una extraordinaria expansión mundial de las Escrituras, impulsada especialmente por el surgimiento de las sociedades bíblicas y por la traducción y distribución masiva de la Biblia.
Significado: Los Dos Testigos representan el Antiguo y el Nuevo Testamento como testimonio permanente de Dios ante la humanidad. Su historia demuestra que la Palabra de Dios puede ser prohibida, perseguida y aparentemente silenciada, pero no puede ser destruida. Después del intento de eliminar su influencia, las Escrituras alcanzaron una difusión sin precedentes, cumpliendo simbólicamente la declaración profética de que los Dos Testigos volverían a levantarse.